Uncle Ben’s Remedy: “Not Far from the Tree”. El irresistible efecto de lo genuino

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Es sumamente alentador y estimulante encontrar hoy en día un grupo musical que reúna una serie de ciertos requisitos muy cualificados -tanto a nivel individual como en conjunto-, que no están alcance de la mayoría. Uno de estos excepcionales grupos es Uncle Ben’s Remedy (El Remedio del Tío Ben), que con su actual album, Not Far from the Tree, reparten vigorosamente su sabrosa y vivificante medicina, a base de puras raíces Country, mezcladas con una rica variedad de especias del rock, creando una amalgama única de Americana (por etiquetarlo de algún modo).

Si tenemos en cuenta que tres de sus miembros se forjaron (musical y humanamente) en la pequeña ciudad de Versailles (Estados Unidos), donde el sentido de comunidad todavía importa y la música es parte natural de todo evento, podemos empezar a entender su secreto.

Para completar el magnífico trío incial, formado por Ben Westlund (cantante y guitarrista), Harmony Griffin (guitarra, banjo and mandolina) y Jimmy Royce (batería y voces), llegaron dos componentes de categoría, a la altura del proyecto: Shawn Huestis (piano, acordeón, pífano, voces, etc…) y Brendan O’Connor (contrabajo). El excepcional laboratorio para fabricar el remedio del tío Ben ya estaba formado!

Sorprendentemente versátiles, creativos y consistentes -tanto en el plano compositivo y lírico, como en el vocal e instrumental-, hacen que parezca fácil conjugar de forma equilibrada fuerza, precisión, sentimiento, profundidad y frescura. Así, su calidad y destreza en el estudio solo es comparable a su potente y entusiástico directo. Ciertamente, los miembros de UBR no sólo destacan como brillantes y polivalentes músicos e intérpretes, sino que cuando tocan sus canciones juntos crean una magia y mueven una energía capaz de enardecer al público y convertir el evento en una celebración que nos conecta y reconcilia con nuestras raíces; una fiesta donde nuestra alma recibe un revulsivo musical. Esa es la medicina del tío Ben…

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Mack Meadows: “Carry Me Home”. Country-rock con alma y toque tropical

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En Mack Meadows, nacido en North Carolina y “felizmente atrapado en la soleada Florida”,  se manifiesta una combinación muy rica y potente, tanto en lo musical como en lo personal.  Por un lado, es un auténtico enamorado de la guitarra, la cual toca de manera magistral, y no sólo en plan country o rock, sino que su amor y curiosidad por la sonoridad de este instrumento, le llevaron también a incursionar en otras maneras -foráneas- de tocarlo. Y así, es graduado en guitarra clásica, con una amplia y exitosa experiencia como concertista y profesor.

Por otro lado, después de ser recitalista y músico de cámara, se dedicó durante años a llevar tiendas de música por el sudeste del país. Para entonces ya había participado en diversas obras musicales, en una orquesta y como músico de sesión, llegando incluso a atreverse con la guitarra flamenca. Ahí es nada. Su impresionante currículo, tanto académico como profesional no termina ahí, pero lo dicho nos da una idea clara del artista polifacético, ecléctico y abierto que ahora ha alumbrado un excelente y extenso album -18 canciones- titulado “Carry me Home” (LLévame a Casa). Todo un lujo sonoro escrito, publicado y producido por el compositor/productor (nominado al Grammy) Dennis Morgan.

Y ciertamente, al escuchar este disco Mack nos lleva a casa; porque su magnífica voz y su espléndida música brotan directamente del corazón, a través de canciones con alma, expresadas en una exhuberante variedad de matices, influencias y estilos raíces del rock, con el country como masa madre de esta rica y nutritiva hogaza musical, aderezada con letras profundamente humanas y significativas.

Así, sentiremos la energía y el bienestar edificantes que trasmite Meadows y su grupo, siempre acompañados por esa cálida brisa tropical, impronta que la luminosa Florida dejó auspiciosamente en el corazón de Mack y de su música, para solaz de todos los oyentes.

Shotgun Bill: “The B-Sides”. Esa voz y country-rock (a-billy) del Jersey Shore

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Bill Anania (aka Shotgun Bill) fue engrosando su bagaje musical sin prisas, desde aquel 1973 en el que empezara a tocar el bajo, acompañando a bandas en sus tiempos juveniles de la escuela secundaria y la universidad, hasta que la vida lo llevó por otros derroteros profesionales.

Pero todo tiene su sentido en la vida, y en 2012 nuestro protagonista regresó al mundo musical de la mano de Frank Patrouch, sacando ambos -como Frank & Bill- el disco One Good Line (2015), que les llevó a recorrer pubs/cafeterías con su propia interpretación del country rock de los años 70. Pero esto también fue el prolegómeno no solo de un nuevo disco del duo en este año (Unplugged and Uncouth), sino -en lo que aquí nos ocupa- del disco en solitario (The B-Sides, 2016) que Bill había estado gestando durante treinta años, nada menos. Ha valido la pena esta larga espera, porque el resultado es muy grato al oído y al alma, además de original y sugestivo, empezando por la misma voz de Shotgun, tan peculiar, canora y única.

Así, versatilidad, frescura y un agradable tono irónico-desenfadado (tanto en música como en letras) recorren las diez canciones de este album que rezuma madurez y naturalidad acústica, donde hallamos inclusive ciertos efectos de sonido ambiente muy resultones, ingeniosamente añadidos. Podemos decir que esta obra es un bien elaborado cóctel de influencias y guiños (desde el rockabilly de la orilla del Jersey -y algún toque “psycho”- hasta los Beatles, pasando por los Rockpile), donde el country es el vehículo y aglutinante principal. Aunque seguramente es más gráfica y definitiva la descripción oficial de su estilo, como “una mezcla de rock de cafetería (o café-rock) con una onda de cantautor original”. Sea como fuere, celebramos el alumbramiento definitivo de este disco.